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Παρασκευή 7 Ιουνίου 2013

EL VALOR DEL CUERPO HUMANO EN LA ENSEÑANZA DE SAN GREGORIO PALAMAS

 
ΠΡΑΚΤΙΚΑ ΔΙΕΘΝΩΝ ΣΥΝΕΔΡΙΩΝ ΑΘΗΝΩΝ ΚΑΙ ΛΕΜΕΣΟΥ
SUMARIOS DE LOS CONGRESOS INTERNACIONALES DE ATENAS Y LEMASOL DE CHIPRE

Ο ΑΓΙΟΣ ΓΡΗΓΟΡΙΟΣ ΠΑΛΑΜΑΣ
ΣΤΗΝ ΙΣΤΟΡΙΑ ΚΑΙ ΤΟ ΠΑΡΟΝ
SAN GREGORIO PALAMÁS EN LA HISTORIA Y EL PRESENTE

ΑΡΧΙΜ. ΕΦΡΑΙΜ ΚΑΘΗΓΟΥΜΕΝΟΥ ΜΟΝΗΣ ΒΑΤΟΠΑΙΔΙΟΥ: Η ΑΞΙΑ ΤΟΥ ΑΝΘΡΩΠΙΝΟΥ ΣΩΜΑΤΟΣ ΣΤΗ ΔΙΔΑΣΚΑΛΙΑ ΤΟΥ ΑΓΙΟΥ ΓΡΗΓΟΡΙΟΥ ΠΑΛΑΜΑ.217
EL VALOR DEL CUERPO HUMANO EN LA ENSEÑANZA DE SAN GREGORIO PALAMAS
(Por Archimandrita Efrem, Santo Monasterio Batopedion, Athos)

San Gregorio Palamás (1296-1359), siguiendo la tradición de los Santos Padres Hisijastas y considerando que escribir trae muchas preocupaciones y problemas, no escribió sistemáticamente sino por los acontecimientos para defender la ortodoxa fe y vida.
El tema del «valor del cuerpo humano» resultó por la acusación que había hecho Barlaam contra los monjes aghioritas o athonitas de que actúan mal «cuando intentan retornar y contener el nus dentro del cuerpo»1. San Gregorio apelando a san Pablo dice que: “el cuerpo con el bautizo se hace templo del Espíritu Santo que está en el interior”, “casa de Dios” y que en esto “habita y cocamina” el Dios. ¿Por qué entonces no introducir el nus al templo de Dios? ¿Quizá Dios ha hecho mal por poner el nus a habitar en el cuerpo?2 Los que creen que el cuerpo es malo, como creación del astuto maligno son heréticos.

El cuerpo es bueno, mala es la conducta y actitud somática-corporal3. Cuando san Pablo habla sobre “cuerpo mortal”, no acusa la carne, sino el impulso pecaminoso por la desobediencia4. El cristiano, depone la conducta somática y concentra el nus dentro de su cuerpo, porque en esto inicialmente existe lo “como imagen”. San Gregorio, siguiendo y apelando la tradición patrística, enseña que lo “como imagen” no se delimita en algunos elementos de la naturaleza humana, sino que se extiende a la existencia humana entera.
Al contrario la filosofía helénica veía el cuerpo despectivamente. Según Platón la naturaleza humana es únicamente “la prenda”, “la cárcel” y “el sepulcro” de la psique5. El soma-cuerpo es la parte negativa de la existencia humana, mezquino y malo, y la psique se encuentra unida junto a éste hasta que cumpla con lo debido. El soma no es posible influir positivamente a la psique6. Por su lado el neoplatónico Plotino decía que se avergonzaba de la idea que tiene soma-cuerpo.7
San Gregorio “a las tendencias espiritualizantes del helenismo que siempre tendían a despreciar la materia”8 y a “la pnevmatocracia platónica de la antropología barlaámica” antepuso la concepción bíblica compuesta para el hombre. El soma constituye un infranqueable elemento ontológico del hombre. El hombre jamás existió sólo como espíritu, porque desde el principio el Creador unió estos dos elementos sólidamente. El hombre es el punto fronterizo del mundo espiritual y material, la “suscripción de todo”, la “recapitulación de las creaciones de Dios”.
Entre psique y soma existe un lazo estrecho. La psique según san Gregorio no está encarcelada al soma, ni quiere liberarse de este. Es tanta la armonía que no quiere salir del cuerpo “si no es atacada por una enfermedad o una herida exterior”11.
Barlaam despreciando el soma-cuerpo humano llama apacia (sin pazos, impasibilidad) de la psique la mortificación de su parte pasional. Despreciaba y negaba todos los ejercicios que utilizaban los monjes como el ayuno, la vigilia, el estar de pie o prosternados, diligencia cuidadosa, esto que san Gregorio llama “dolor o padecimiento del tacto”, las lágrimas y el luto durante la oración, porque decía que “hay que dar quietud a los sentidos durante la oración y mortificar totalmente la parte pasional de la psique”, por eso san Gregorio la llamaba a Barlaam maestro de la apraxía, sin práctica12.
En el Tomo Agiorítico san Gregorio habla sobre la metamorfosis o transformación de la parte pasional de la psique y no de mortificación13. Con la instrucción ascética adecuada de las fuerzas psíquicas y los miembros del cuerpo14 “se adquiere y se contempla la divina Jaris (gracia, energía increada) en el interior del hombre” la que el Señor prometió a los que han hecho la catarsis de su corazón. Y este tesoro lo tenemos “en recipientes de ostras”, es decir, en nuestros somas-cuerpos15.
El valor del soma-cuerpo se engrandece con la encarnación del Señor. Como dice característicamente san Gregorio, el Hijo de Dios se hizo hombre, «para que se muestre que la fisis, naturaleza humana, por encima de todas las creaciones, se ha creado como imagen de Dios. Porque esta naturaleza es tan pariente de Dios, que puede reunirse en sí misma hacia una hipostasis16. Como muy bien se ha apuntado sobre las cosas que san Gregorio dice sobre el honor que ha dado el Hijo de Dios con su encarnación a la sarx-cuerpo mortal del hombre; estas cosas constituyen un himno del ascetismo cristiano hacia el hombre y su soma-cuerpo17.
La presencia de Cristo al mundo unió el Dios eterno con el hombre mortal. El Logos de Dios, dice san Gregorio, tomó la sarx-cuerpo de la Zeotocos (Madre de Dios) totalmente limpia y pura, pero también mortal y pasional. La unión hipostática de las dos naturalezas de Cristo tuvo como resultado la renovación y la zéosis o deificación de la naturaleza humana. La naturaleza humana creada y la deidad increada, no mezcladas ni confundidas sobre la esencia, conectan y se unen mediante la divina energía increada. Pero la naturaleza humana permanece creada, recibe de la deidad por la jaris lo que aquella tiene por naturaleza. (Es decir, la energía increada).
Esta renovación de la naturaleza humana se hace sensible y abordable en cada hombre con la jaris increada del Espíritu Santo que actúa dentro a la Iglesia. La zéosis se refiere al hombre entero. El hombre entero como existencia psicosomática se une, conecta y comulga con la jaris increada del Espíritu Santo que se convierte y se hace “espiritual”, “nueva creación”. Así también “el cuerpo de una manera toma algo de la Jaris energizada, activada al nus”19. Esto conduce a san Gregorio a decir que “el hombre espiritual está proporcionado de tres cosas: de la jaris del espíritu Santo, de psique lógica y de soma-cuerpo terrenal”20.
La posición o tesis central a la vida y de la enseñanza del hisijasta athonita, amigo de Dios, es el acontecimiento de la metamorfosis de Cristo. Además, la Metamorfosis constituye el núcleo de las discusiones teológicas con Barlaam y el corazón de la lucha hisijasta. En la Metamorfosis, enseña san Gregorio siguiendo a los Padres de la Iglesia, Cristo no ha tomado algo que no tenía anteriormente21, sino que apocaliptó=reveló a los tres discípulos “parcialmente” la doxa-gloria que tenía desde el principio y sobre todo “no entera, para que no pierdan la vista y la vida”22. San Gregorio recalca que, los Apóstoles no podrían ver la luz increada “sin recibir ojos que antes no tenían... aunque fue vista por los ojos, pero realizado por los ojos superiores metamorfoseados”23. Esta luz increada provenía del cuerpo de Cristo, que estaba “fuera de los Apóstoles, pero a la vez se iluminaron también al interior por la ensombrecida nube en ellos”24. El resplandor interior constituye el elemento básico de la expectación o contemplación de la increada luz. Se distingue de la luz del engaño o del diablo que es creada y sólo ilumina exteriormente. Y tal y como el acontecimiento de la Metamorfosis se hizo durante la hora de la oración, así también el divino esplendor se da en aquel que ejercita la oración pura.
Durante la Metamorfosis no resplandeció sólo el rostro del Señor sino también sus vestiduras. Comentando este punto san Gregorio, dice que con la misma luz se hizo resplandecer “también aquel cuerpo venerable de Cristo y sus vestiduras, pero no de la misma manera”25. Porque el soma-cuerpo era la fuente de la increada doxa-gloria, y las vestiduras como tocaban el cuerpo aquel, se hicieron brillantes también26. Con el alumbramiento de las vestiduras el Dios mostró la vestimenta que vestirán los santos en el siglo futuro. Esta prenda la tenía también Adán antes de la desobediencia27. La luminosidad de las vestiduras certifica la enseñanza de los Padres de que la Jaris increada que viene en la psique y mediante ella se traspasa al cuerpo y en la creación irracional y la asiste benéficamente 28.
De todo lo que nos hemos referido se hace obvio que la enseñanza antropológica de san Gregorio se interpreta Cristológicamente. La relación de la deidad y la naturaleza humana constituye el prototipo (modelo) de la relación de la divina Jaris con la naturaleza humana de cada creyente. Tal y como la deidad del Θεάνθρωπος (Zeánzropos, Dios y hombre) es común en su psique y cuerpo, así también la Jaris increada del Espíritu Santo en los hombres espirituales, pasando de la psique al cuerpo, proporciona la posibilidad al hombre padecer o sufrir, disfrutar lo divino o las divinas29.
“Durante la vida presente el enlace (nuncio o arras,) de los futuros bienes no lo recibe la psique sólo sino también el cuerpo, el cual co-camina con ella al camino de la santificación. El que rechaza esta verdad a la vez rechaza también la participación del cuerpo del hombre en la bienaventuranza del futuro siglo. Porque si el cuerpo está destinado a participar de los bienes de la realeza increada de Dios, es natural que tampoco se excluya durante esta vida la participación de la comunión de la psique a las divinas donaciones que se le proporcionan”30.
La Jaris increada de Dios se ofrece al hombre creado con medios creados. Esto se hace por los Misterios (sacramentos) de la Iglesia. Pero el hombre debe detrás de estos elementos creados de los Misterios ver la increada deidad. San Gregorio en sus homilías se refiere a todos los Misterios, pero insiste en el Bautizo y la Divina Efjaristía, porque en estos dos misterios está coordenada toda nuestra sanación y salvación32.
Con el Bautizo empieza la renovación personal en Cristo33. El hombre se renueva, se purifica y se hace hijo de Cristo. La Jaris del Bautizo no sólo renueva la psique sino también el cuerpo del hombre, aunque esto no es visible ahora, “sino más bien por la fe se hace sensible”.
Además, al misterio de la Divina Efjaristía tenemos reconstitución de Dios con el hombre. Tal y como característicamente apunta san Gregorio, Cristo “nos unió y se adaptó a sí mismo como el novio la novia, mediante la comunión de su misma sangre haciéndose un cuerpo (una sarx)”. La luz increada de Cristo durante la Metamorfosis alumbraba a los alumnos exteriormente. Ahora con la reconstitución efjarística con nosotros el Señor “aborda e ilumina la psique en el interior35” “La increada y deificante jaris de Cristo, la que constituirá también el cuerpo nuestro de la misma forma que el cuerpo en doxa=gloria de él, se engendra desde la vida presente en el hombre y trabaja y opera su zéosis”36. Pero el perfeccionamiento de la zéosis se realizará durante el futuro siglo con la co-participación del hombre a la Resurrección y la Ascensión de Cristo.
Cristo, si no se encarnara y no muriera y ascendiera para nosotros, no llegaríamos a conocer la sublime agapi (amor increado, energía increada) de Dios para nosotros37. En otro punto el santo nos dice que: “Resucitando su cuerpo lo llevó al cielo en doxa=gloria” y “la naturaleza humana la ha divinizado y la hizo homotrona (al mismo trono que el Dios) .38 La resurrección y la ascensión conectan y están vinculadas con nuestra vida. El Cristo ha resucitado y ascendido para nosotros, pre-economizando nuestra resurrección y ascensión por siglos infinitos 40.
Durante “el día último o ésjato” la en gloria Segunda Presencia de Cristo, en la que vendrá con el cuerpo, todos resucitarán. Mientras que los cuerpos de los impíos o incrédulos resucitarán para entregarlos al eterno infierno, en cambio los cuerpos de los justos resucitarán para participar en la incorruptibilidad y la divina felicidad o bienaventuranza. San Gregorio considera como un regalo particular para los creyentes no la Resurrección sino la Ascensión. Sólo aquellos que vivieron en Cristo ascenderán por las nubes al encuentro del Señor en el aire41.
Cerraremos nuestra introducción sobre el valor del cuerpo humano refiriéndonos a la honorable peregrinación de las reliquias de los santos. “También, peregrinaréis las reliquias de los santos” dice san Gregorio en su “Decálogo sobre la legislación de Cristo”. Tal como al cuerpo del Señor durante la muerte por la cruz permaneció unido a la deidad, lo mismo también en los cuerpos muertos de los santos permanece y no se va el incorporado Espíritu divino42. La demostración son los milagros que se realizan a través de ellos los cuerpos y las relicuias43.
La santidad y honor a las reliquias emana de una excelente teología desarrollada sobre el cuerpo humano. Además, la fe en la metamorfosis del mundo durante la Segunda Presencia, se explica porque la Iglesia hace honor y alabanza especial a las reliquias de los huesos y no sólo esos sino también a las vestiduras y cualquier cosa particular que tiene relación con los santos.
San Gregorio Palamás basa toda su enseñanza para el hombre al Θεάνθρωπος (Zeánzropos, Dios y hombre) Cristo. Reconoce como supremo valor al hombre, sin resbalar en humanocentrismo44. El cuerpo del hombre está destinado para vivir en comunión con Dios. Por eso desde la vida presente se hace respetable como “templo del Espíritu Santo” dentro en el cual se renueva la creación entera. Amín.
Archimandrita Efrem, Santo Monasterio Batopedion, Athos
Traducido por: χΧ jJ www.logosortodoxo.com (en español)


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