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Πέμπτη 18 Ιουνίου 2015

La guerra invisible, san Nicodemo el Aghiorita PRIMERA PARTE Capítulos Α. 7. 8. 9

ΟΣΙΟΥ ΝΙΚΟΔΗΜΟΥ ΤΟΥ ΑΓΙΟΡΕΙΤΟΥ
ΑΟΡΑΤΟΣ ΠΟΛΕΜΟΣ
La guerra invisible, san Nicodemo el Aghiorita
PRIMERA PARTE
Capítulos Α. 7. 8. 9
Capítulo A. 7: Cómo debemos instruir nuestro nus para protegerle de la ignorancia.
Capítulo A. 8: Por qué no discernimos correctamente las cosas y de qué manera podemos conocerlas.
Capítulo A. 9: Cómo debemos vigilar nuestro y proteger nuestro nus de las acciones polifacéticas y de la curiosidad.

Capítulo A. 7
Cómo debemos instruir nuestro nus para protegerle de la ignorancia.
Pero la desconfianza en nosotros mismos y la esperanza en Dios que son tan imprescindibles para esta guerra, si estas dos se quedan solas, no sólo no venceremos sino que caeremos en muchos males. Por esta razón, junto con estas se necesita también ejercicio (práctica) que es la tercera cosa que hemos mencionado al principio, y que se debe hacer primero con el nus y con la voluntad. Con el nus debemos protegernos de la ignorancia, la cual es muy adversa al nus, debido a que oscurece y embota al nus y le impide del conocimiento (gnosis) de la verdad que es su propio objetivo. Por eso es necesario ejercitar al nus de modo que se convierta lúcido y limpio para poder discernir aquello que nos hace falta para la catarsis, sanación de nuestra psique de los pazos y adornarla con virtudes.

Esta lucidez del nus, podemos obtenerla de dos maneras. Primeramente y más necesaria es la oración, con la que rogamos al Espíritu Santo esparcir su divina luz increada y energía en el interior de nuestros corazones, que por supuesto lo hará si realmente lo pedimos sólo de Dios, si hacemos su santa voluntad y si sometemos cualquier cosa nuestra al consejo y pregunta a nuestros Padres experimentados y espirituales.
La segunda manera es un profundo ejercicio del pensamiento y estudio de las cosas, para conocer qué cosas son buenas y qué son malas, no como juzgará equivocadamente el sentido y el mundo, sino tal y como juzgará el logos correcto y el Espíritu Santo; es decir, la verdad de las Escrituras inspiradas de Dios y de los Padres y Maestros de nuestra Iglesia los que son portadores del espíritu divino o de la divina energía y luz increadas. Porque cuando este pensamiento y estudio se hace correctamente y como es debido, entonces nos hace conocer claramente que deberemos considerar nada (cero), vanas y falsas todas aquellas cosas que ama y busca de varias maneras este mundo corrupto, falso y ciego.
Es decir, los honores, el hedonismo, los placeres y la riqueza de este mundo no son otra cosa que vanidad y muerte (espiritual) de la psique; y que los desprecios, calumnias e insultos que nos hace el mundo, nos producen doxa (gloria) verdadera y los sufrimientos o tristezas, alegría; con perdonar a nuestros enemigos y hacerles el bien, es magnanimidad y una de las mayores similitudes con el Dios; y vale más que uno desprecie al mundo que sea el dominador o soberano de todo el mundo; y obedecer, a uno le hace diligente y bien dispuesto, más bien es una praxis de psique valiente y magnánima que en vez de someter y mandar grandes reyes.
Puesto que el conocimiento humilde de nosotros mismos, debe ser preferido más que todas las grandezas de las ciencias y el vencer y mortificar nuestras voluntades y apetitos por muy pequeños que sean, es digno de mayor elogio que combatir y vencer muchos castillos y ejércitos enemigos con armas en la mano y hacer milagros o resucitar muertos.

Capítulo A. 8
Por qué no discernimos correctamente las cosas y de qué manera podemos conocerlas.
La causa que no discernimos correctamente todas estas cosas que hemos dicho y muchas más, es porque no pensamos lo qué son en su profundidad, sino que tomamos la agapi-amor, cariño o el odio hacia ellas e inmediatamente las estudiamos de sus formas y apariencias exteriores. Así que cuando la agapi o el odio hacia estas cosas se anticipan y oscurecen nuestro nus, entonces no puede discernir correctamente cómo son de verdad. Por eso san Gregorio el Teólogo de acuerdo con esto dice que la verdad acostumbra a ser robada de la agapi o del odio; no hay nada más agradable a los hombres que hablar sobre las cosas ajenas, y sobre todo cuando están afectados e influenciados por el odio o la simpatía a alguien a causa de los cuales desaparece la verdad (Logos apologético). Así que hermano mío, si no quieres que este engaño tenga sitio en tu nus, presta mucha atención, y cuando con una ojeada ves o estudias con tu nus alguna cosa, detén y aguanta lo que puedas tu voluntad y no dejes que esta cosa sea amada ni odiada, sino obsérvala solamente con tu nus.
Pero ante todo, piensa tranquilamente que si esta cosa es lamentable y opuesta a tu tendencia natural, entonces eres inducido por tu odio a rechazarlo. Pero si esta cosa te produce agrado, entonces eres inducido por la agapi-amor para quererla. Porque cuando el nus no está mareado por el pazos, entonces está libre, lúcido y limpio y puede conocer la verdad y traspasar a la profundidad de la cosa y ver dónde está escondido el mal, si está bajo un falso agrado o si el bien está cubierto bajo una superficie del mal.
Pero si la voluntad se ha anticipado en querer, amar u odiar esta cosa, el nus ya no puede conocer bien ni como es debido; porque aquella disposición, o mejor dicho, aquel pazos que entró al medio como una pared, marrea al nus tanto que cree una cosa distinta de lo que es verdaderamente y siendo así la traspasa al deseo, el cual en cuanto va por delante quiere u odia más aquella cosa, tanto que el nus se va oscureciendo más y más y así vuelve aparecer otra vez el deseo de aquella cosa y se hace más que nunca amada u odiada. Así que si no se cumple la regla anterior que he dicho y que es muy necesaria para todo este ejercicio, es decir, que detengas y aguantes tu deseo de la agapi o del odio a esta cosa, estas fuerzas de la psique que son el nus y la voluntad, progresan siempre malamente, como en un círculo, de la oscuridad a más profunda oscuridad y del error a mayor error.
Pues, amigo mío, vigílate y protégete con todo tipo de atención y cuidado de la apasionada agapi u odio de cada cosa, por la que no llegaste a investigar bien anteriormente con la luz del nus y el logos correcto, con la luz increada de la santas Escrituras y con la luz increada de la Jaris-gracia, la oración y el juicio de tu padre espiritual, para que no te equivoques y consideres lo verdaderamente bueno como malo y lo verdaderamente malo como bueno. Puesto que esto suele ocurrir sobre todo en algunas obras que por sí mismas parecen buenas y santas, pero solamente en casos concretos; es decir, se hacen fuera del tiempo y de tal manera que provocan mucho daño y perjuicio, ya que conocemos muchos que han peligrado en semejantes obras admirables y santísimas.

Capítulo A. 9
Cómo debemos vigilar nuestro y proteger nuestro nus de las acciones polifacéticas y de la curiosidad.
Como es necesario que vigilemos y protejamos nuestro nus de la ignorancia, como hemos dicho antes, así lo mismo es necesario que nos protejamos de los actos polifacéticos o múltiples conocimientos mundanos, que son los contrarios de la ignorancia. Porque cuando llenamos el nus con muchos loyismí vanos, desordenados y perjudiciales, entonces le debilitamos y no puede entender aquello que conviene a nuestra verdadera mortificación y perfección. Por eso, debes estar muerto totalmente a cada investigación u ocupación en cosas terrenales, aunque sean permitidas, pero que no son necesarias. Y recogiendo tu nus en tu interior, a medida de lo posible, hazle ignorante de todas las cosas de este mundo.
Los mensajes, las noticias nuevas y todos los cambios y alteraciones del mundo y de los reinos, que sean para ti como si no existieran para nada. Por eso san Basilio el grande aconseja que todas las habladurías mundanas que sean para nosotros como un pequeño sabor amargo. Y el profeta David, dice: “Los soberbios me han cavado hoyos; Mas no proceden según tu ley Señor” (Sal 118,85). Incluso si te las están ofreciendo por los demás, oponte a todas estas cosas y aléjalas del corazón y de tu fantasía. Que seas un amante cuidadoso en entender las cosas espirituales y celestes, no queriendo conocer otra lección en el mundo que el Crucificado, Su vida y muerte y lo qué quiere de ti; y por supuesto que agradecerás mucho a Dios, el cual tiene como elegidos y amados aquellos que le aman y se ocupan en hacer Su voluntad.
Debido a que cualquier otro asunto e investigación es egoísmo y orgullo, cadenas y trampas del diablo, quien como astuto, viendo que la voluntad de aquellos que se cuidan de la vida espiritual es fuerte y potente, busca vencer el nus de ellos con este tipo de curiosidades, para dominar de esta manera lo uno y lo otro. Así que muchas veces acostumbra a inspirar pensamientos supuestamente altos, finos y curiosos, sobre todo a los ágiles de nus y en aquellos que son fáciles de presumir y vanagloriarse.
Porque ellos cautivados por el placer y la conversación de aquellos pensamientos altos con los que falsamente creen que disfrutan de Dios, se olvidan hacer la catarsis de sus corazones y se fijan del humilde conocimiento de sí mismos y de la verdadera mortificación (de los pazos); y así mientras son atados con la cadena del orgullo, se convierten en ídolos de su propio nus, y a continuación, poco a poco, sin darse cuenta llegan a creer que ya no tienen necesidad de consejo ni instrucción de los demás, porque se han acostumbrado en cualquier necesidad a correr detrás del ídolo de sus propios juicios y razonamientos; cosa que es muy peligrosa y difícil de sanarse; porque el orgullo o la soberbia del nus es más peligrosa ya que aquella de la voluntad.
Debido a que por un lado el orgullo de la voluntad, siendo claro en el nus, se puede sanar fácilmente alguna vez, si se somete en aquello que debe. Pero el nus cuando tiene opinión fija de que su juicio o razón es mejor que el de los otros, ¿de quién podrá sanarse y cómo se someterá al juicio de los otros aquel que no tiene tan buen juicio o razón como el suyo? Si el ojo de tu psique que es el nus con el que el hombre puede conocer y limpiar el orgullo de la voluntad, el mismo nus está enfermo, ciego y lleno de orgullo, ¿entonces después quién puede sanarlo? Y si la luz es la oscuridad y la regla equivocada, ¿quién quiere y puede iluminar o arreglar todo lo demás? Por eso debes resistir lo más rápido a este peligroso orgullo del cerebro, antes de que traspase a la médula del nus de tus huesos y así resistiendo, pon una brida en la agudeza de tu nus y somete tu propia opinión en la opinión de los demás y conviértete como niño tonto para la agapi de Dios y serás más sabio que Salomón: “Que nadie se engañe. Si uno se considera sabio según las reglas de este mundo y pasa por tal entre vosotros, que se haga tonto y llegará a ser sabio” (1 Cor 3,18).

San Nicodemo el Aghiorita

Traducido por: χΧ jJ www.logosortodoxo.com (en español).

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