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Κυριακή, 4 Μαΐου 2014

YÉRONTAS ATANASIO MITILINEOS (1927-2006) 2ª Bienaventuranza de la Montaña: el luto según Dios Bienaventurados y felices los que están en luto, lipi (tristeza, sufrimiento), afligidos y lloran por sus pecados y del mal que domina el mundo, porque ellos serán consolados por Dios.

ΓΕΡΟΝΤΑΣ ΑΘΑΝΑΣΙΟΣ ΜΥΤΙΛΗΝΑΙΟΣ (1927-2006)
YÉRONTAS ATANASIO MITILINEOS (1927-2006)
2ª Bienaventuranza de la Montaña: el luto según Dios
Bienaventurados y felices los que están en luto, lipi (tristeza, sufrimiento), afligidos y lloran por sus pecados y del mal que domina el mundo, porque ellos serán consolados por Dios.
Por el gran léxico ortodoxo heleno-español:
Πένθος (penzos) luto: en los textos patrísticos, es “la lipi tristeza o luto según Dios, sufrimiento del que nace la metania”. El luto por Dios no se identifica con el luto cósmico mundano, el que sienten los hombres cuando por ejemplo, pierden seres queridos, sino que es resultado de su concienciación del pecado y la creación de sanas vivencias y experiencias de la metania y el regreso al Señor. Se trata de un luto con originalidad propia, que con la increada energía divina Jaris, combina la alegría y la tristeza del luto (“luto alegre, pena-alegre”). No causa conflictos ni perturbaciones psíquicas, todo lo contrario trae paz y serenidad a la psique y disposición para cumplir los divinos mandamientos, logos y esperanza en Dios.
Λύπη (lipi): dolor, sufrimiento, pena, tristeza, pesar, depresión, aflicción interior psíquica, es uno de los ocho pecados capitales. Existe la lipi “según Dios y la lipi “según el cosmos-mundo”. La primera se identifica con la metania y el luto que nace de la esperanza a Dios y empuja al hombre hacia la lucha y el ejercicio espiritual. La segunda todo lo contrario, desanima al hombre y le conduce en la desesperación, melancolía, en un parálisis psicosomático y la depresión. La lipi por la pobreza o faltas materiales conduce a la muerte de la psique, según Apóstolos Pablo (2Cor 7,10). San Gregorio Palamás escribe: si investigas la lipi mundana, encontrarás que está inmersa en los pazos y proviene de ellos y el materialismo, en cambio, la lipi según Dios te conduce a la metania y sin duda a la “psicoterapia” sanación y salvación de la psique.


La vez anterior nos habíamos referido a la primera bienaventuranza y hoy con la ayuda de Dios hablaremos sobre la segunda que dice: “Bienaventurados y felices los que están en luto, lipi (tristeza, sufrimiento), afligidos y lloran por sus pecados y del mal que domina el mundo, porque ellos serán consolados por Dios” (Mt 5,4).
Es cierto que en el logos de Dios existen expresiones paradójicas. Dice que son felices aquellos que están en luto, sufrimiento, aflicción y lloran. Es un logos contradictorio. ¿Cómo puede uno estar feliz puesto que está de luto? El sufrimiento, la pena y el dolor son elementos que son contrarios a la bienaventuranza o felicidad. Además, ¿por qué el Señor bendice o bienaventuriza el luto- cuando él mismo ha sembrado en la psique humana la búsqueda de la felicidad? El hombre por su naturaleza busca la felicidad, porque justamente esta búsqueda está sembrada en su interior. No olvidemos que el antiguo Paraíso no era otra cosa que un lugar de felicidad. Por lo tanto, aquí el Señor insiste y exactamente esto veremos, por qué resiste.
Igual que la primera bienaventuranza se ha malentendido –“bienaventurados los pobres de espíritu”- lo mismo también aquí en esta. ¿Cómo es posible uno estar feliz mientras esté de luto, lipi y llorar? Esto lo veremos a continuación.
Aquí tenemos dos categorías de tristeza o luto. Una categoría es la pena, tristeza o luto según el mundo y la otra es querida según el Dios. Para estas dos contesta el Apóstol Pablo: Porque la tristeza que es querida según Dios produce arrepentimiento para la sanación y la salvación, de la que no hay que lamentarse; pero la tristeza del mundo produce muerte” (2Cor 7,10), la desgracia y la desdicha.
Pero para entender estas dos cosas que son esenciales para mayores y menores, tenemos que ver cómo son las dos; y primero vamos a ver “lipi, la tristeza, pena o luto según el mundo”.
La tristeza, pena o luto según el mundo es aquella que está separada de nuestra esperanza a Dios y de la paciencia. Es la tristeza o sufrimiento que conduce a la depresión, desesperación y la pérdida de la esperanza. Es aquella que es provocada por varias dificultades de nuestra vida. Es la pena o tristeza que proviene de dificultades económicas, pobreza y distintos fracasos. Pena o tristeza tenemos por la frustración o anulación de esperanzas, sueños, anhelos y deseos incumplidos que tuvimos en nuestra vida y no los hemos realizado.
La tristeza según el mundo-cosmos nace también del egoísmo herido, a causa de una ofensa de los otros. Aún puede que tengamos tristeza o pena, -mundana siempre-, también de la envidia o una posible enemistad que nos mostrarán los demás humanos.
Compañera de esta tristeza o sufrimiento es la desesperanza, depresión, y, no raras veces el suicidio. Por lo tanto la tristeza o pena según el cosmos-mundo es totalmente de dimensiones mundanas.
Por costumbre en los últimos años, -antiguamente esto no pasaba- vemos que se suiciden alumnos por el fracaso escolar. Desgraciadamente tenemos este fenómeno en nuestros hijos. Debemos, pues, aprender a discernir la tristeza o sufrimiento según el mundo de la de “según Dios”.
Además, la lipi (tristeza, pena) cósmica o mundana destruye también nuestra salud psicosomática. Esto es un elemento muy importante y debemos tener mucho cuidado. Por ejemplo, una de las causas del cáncer es la insuperable lipi (tristeza, pena o sufrimiento), tal y como nos lo dice hoy la ciencia médica.
La lipi (tristeza, pena) según el mundo crea también las neurosis al estómago. Muchas veces sin haber ninguna causa, el estómago funciona mal, no puede digerir la comida, tiene dolores y el médico nos dice que es neurosis. La causa de la neurosis principalmente es psicológica, y por costumbre es una lipi (tristeza, pena), un problema sin salida que uno pueda tener. Incluso puede ser que tengamos mal funcionamiento del corazón, pero esto es debido a la secreción de las glándulas.
Un mal funcionamiento muy conocido es el de las glándulas de saliva en nuestra boca. Cuando vemos una comida buena, esto produce automáticamente en nuestras glándulas saliva. La saliva es un líquido digestivo. La digestión empieza a la boca con la saliva, continúa al estómago y termina al intestino delgado, con la ayuda de los otros líquidos pépticos. Así cuando estamos tristes, disgustados, lo habréis observado, no tenemos secreción de las glándulas de la saliva; y así decimos que se me ha secado la boca por la tristeza o el disgusto.
¿Habéis visto que se interrumpe la secreción de las glándulas por la tristeza o disgusto? Esto lo digo porque tenemos también otras glándulas en nuestro organismo que por supuesto no podemos controlarlas. Dentro al estómago se segregan varios líquidos pépticos para se realice la digestión. Pero esto ocurre cuando por una tristeza, un disgusto, sufrimiento o pena estos líquidos, las secreciones no se producen. Entonces cae como una piedra la comida en nuestro interior.
La lipi (pena, tristeza) es también muchas veces la responsable de episodios cerebrales (o encefálicos).
Todo, pues, indica que la lipi (tristeza, pena) según el mundo conduce en cosas indeseables, y por supuesto que de esto se ocupa también el logos de Dios. Por eso en la Sabiduría Sirac leemos: “No entregues tu psique a la tristeza y no te abandones a las cavilaciones… y echa de ti la tristeza, porque la tristeza ha perdido a muchos y no ganas nada con ella” (Sir 30, 21-23). Digamos que estás en luto, por una persona querida y estás muy entristecido y apenado; y tienes en presencia continua al difunto. ¿Qué has ganado? ¿Le has vuelto atrás, en la vida? No, sino todo lo contrario, más bien has abierto el camino para que vayas también tu a donde está él.
Aún continúa en otro capítulo la Sabiduría Sirac: “Porque de la tristeza viene la muerte y la tristeza del corazón consume el vigor. Después de los funerales pase la pena; pues una vida de tristeza, aflicción es dañosa para el corazón” (Sir 38, 18-19).
En cambio en el capítulo 30º dice: “La vida del hombre es el gozo del corazón, y su alegría alarga los días” (Sir 30,22).
Los que tienen la lipi (tristeza, pena) según el mundo, viven como si el Dios no existiese. Por eso al Apóstol Pablo escribe: “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen (los difuntos), para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza” (1Tes 4,13). No queremos, hermanos, que vosotros tengáis ignorancia para los difuntos para que no os apenéis como aquellos que no tienen la esperanza en la resurrección de los muertos, los que están fuera del Cristianismo. Así que nuestra fe en la resurrección de los muertos nos consuela. La resurrección de los muertos no es un mito que podemos simplemente proyectarlo para consolarnos y consolar a nuestro semejante, sino una realidad. El Cristo ha resucitado y también resucitarán los muertos.
Debemos de saber aún que, como la lipi (pena, tristeza, aflicción) según el mundo, conduce a la muerte biológica y la espiritual –lo subrayo esto- es de esperar que esto sea un pecado mortal. Realmente los Padres, la lipi según el mundo, la han clasificado entre los siete pecados mortales! Esta es la lipi según el mundo, que especialmente es catastrófica espiritualmente y somáticamente (físicamente).
Vamos a ver ahora la lipi (luto, pena, tristeza, sufrimiento, aflicción) según el Dios, que aquí es bendecida y considerada como felicidad.
La lipi según el Dios, pues, está conectada siempre con la primera bienaventuranza. Es decir, la percepción, sensación y sentimiento de nuestra pecaminosidad crea en la psique una lipi (tristeza, pena). Los “pobres de espíritu”, los que están pobres por su propia voluntad, los que son humildes y los que ven y conocen su propio sí mismo, se entristecen. Por eso os dije que la segunda bienaventuranza está conectada con la primera. Pero esta lipi que aquí se bendice es creadora y fértil.
Tomaré un ejemplo que utiliza el mismo Señor: ¿Cuándo la mujer se prepara para dar a luz no se entristece? pero esta tristeza es “para vida”, porque después del parto vendrá la alegría. Así es la lipi que trae la alegría.
El Señor este ejemplo lo dijo a sus discípulos porque no ocurría también lo mismo a ellos: “Vosotros tendréis lipi porque seré crucificado; pero cuando yo resucite y me volveréis a ver, entonces tendréis alegría, en cambio el mundo que se alegraba antes por vuestra lipi (tristeza, pena) porque ha conseguido crucificarme, ahora estará en lipi-tristeza” (Jn 16,21).
La lipi (tristeza, pena) según Dios, pues, es una tristeza que conduce a la alegría. Así es también el nacimiento espiritual, que especialmente está analizado de los Padres de nuestra Iglesia Ortodoxa. Un análisis muy bueno hace san Nicodemo el Aghiorita en su libro “Eortodromio, camino festivo”; pero también en la Santa Escritura en la oda de Isaías se refiere de la siguiente manera: “Por tu temor, Señor, concebimos, tuvimos dolores de parto y dimos a luz, y hemos creado espíritu de salvación sobre la tierra” (Is 26.27-18).
¡Esto es grandioso, es el llamado parto espiritual; es muy importante! Uno que capta y concibe el temor a Dios tiene grandes dolores como de parto… Todo esto que siente no es agradable, tiene luto, tiene tristeza… ¡Pero al final genera el espíritu de sanación y salvación que es admirable!
Recordemos también al hijo pródigo. Se entristeció y con gran pena dijo: “!Cuántos trabajadores de mi padre tienen para comer y yo estoy muerto de hambre!” (Lc 15,17). Se apenó, lloró, y esta tristeza, pena le condujo otra vez a su padre, es decir, le provocó el retorno.
La lipi según Dios, genera también lágrimas del corazón, pero son lágrimas de gozo, de sanación y salvación. El Salmo 125º se refiere muy bellamente: “Los que siembran en lágrimas, segarán sentimientos de alegría” (Sal 125,5). ¡Siembran! Imaginaos el saco con siembra sembrando el terreno, esto es una imagen antigua. Y es una imagen metafórica para aquellos que se esfuerzan por cualquier cosa, y de su cansancio tienen luto y tristeza en su corazón; pero cuando alcancen el objetivo entonces recogerán frutos con mucho goce y alegría.
Y el apóstol Pedro se entristeció y “lloró amargamente” (Mt 26,75 y Lc 22,62), y con el llanto y las lágrimas se salvó.
Incluso la lipi según Dios ayuda al hombre retornar al Paraíso que ha perdido.
Un bello tropario del Domingo de Quesos dice que Adán se sentó frente del Paraíso y lloraba clamando: “¡Paraíso te he perdido, te he perdido!”. Estas lágrimas de Adán han retornado al mismo y sus descendientes al Paraíso, pero en un Paraíso superior y mejor que el antiguo, porque ha venido aquí el Hijo de Dios con Su naturaleza humana.
La lipi según Dios es también el preámbulo de la metania, la sanación y salvación.
Además, la lipi según Dios conduce también a la adquisición de la virtud y la especial gnosis teológica (conocimiento increado), pero también en la gnosis general, es decir, de la ciencia y las letras. El libro de proverbios dice que la raíz del árbol de las virtudes es amarga, pero sus frutos son dulces. Cuando pongo como objetivo adquirir una virtud, por supuesto esta ascesis es cansada y amarga, pero después sus frutos son realmente dulces.
Aún, el Dios ama el luto, principalmente cuando el hombre está en luto para los demás, principalmente cuando los hombres pecan. Escribe el Apóstol Pedro sobre este punto que Lot estaba “dolorido y su psique sufría” (2Ped 2,7-8). Atención, sufría porque veía esta ciudad y sus habitantes pecar. Veía en su alrededor aquella degeneración esparcida, y esto hoy ha quedado como un dicho, decimos: “Sodoma y Gomorra”. Pero todas las ciudades, según la época, se convierten en Sodoma y Gomorra. Hoy podemos llorar y sufrir por los hombres de nuestra época. Podemos estar en luto sobre todo hoy que el mundo, con exactitud matemática, está conducido a la catástrofe y perdición, y sobre todo las nuevas generaciones. Lo digo esto porque me dirijo a hombres jóvenes. ¡Saben cuántos jóvenes son los que han tomado el camino equivocado de la perdición! ¡Uno puede llorar y estar de luto por ellos! Puede estar en luto el corazón y no es raro que caigan lágrimas de los ojos.
Dice aquí, pues, que bienaventurado es aquel que está en luto por el mal que están sufriendo los demás hombres y también en general toda la creación. Esto lo dice muy bien san Isaac el Sirio, especialmente para la creación. ¡Uno cuando ve la catástrofe de la naturaleza, por ejemplo, que se están talando los árboles y se está destruyendo el medio ambiente, sufre y se entristece! Cuando ve que se revuelque el equilibrio de la creación y se destruya tanto el reino vegetal como el animal y no menos también el hombre, uno tiene luto, se entristece. Esto es el luto-lipi según Dios.
Esto el Señor lo bienaventuriza, bendice y dice: “Bienaventurados los que están en luto”, simplemente porque esto indica que los hombres tienen sensibilidad; no son insensibles, no se burlan, quizás veréis a hombres que cuando ven un entierro o una catástrofe estén riendo o burlando. Son hombres insensibles ante el mal que se está haciendo. Pero cuando uno puede estar en luto y triste, muestra una sensibilidad emocional y lógica, muestra la sensibilidad de su psique.
En todo esto por supuesto que hay también algunos extremos peligrosos que en resumen nos referiremos a continuación.
Si nos fijamos con atención el Señor dice: “Bienaventurados los que están en luto”, no dice “los que han estado en luto”. Esto muestra duración, es en tiempo Presente, que manifiesta la duración; es decir, es algo que debe existir en toda nuestra vida.
Pero aquí hay un extremo peligroso, es la lipi (tristeza, pena) exagerada. Esta es una extremidad, diríamos que es el siguiente escalón del luto. Esto manifiesta que uno no tiene en cuenta la jaris (gracia, energía increada) y la providencia de Dios, sino que tiene quizás algo de poca fe, como si se tratara de levantar el peso del mal el mismo hombre. Estaremos en luto, pero no sin la presencia de Dios. Es como si actuáramos sin la agapi (amor, energía increada) y la sabiduría de Dios.
Esto por regla general se hace en las relaciones personales, es entonces cuando nada ni nadie nos puede consolar. Cuando por ejemplo, decimos: ¡Yo caer!... en el fondo hay un egoísmo y se ha picado, ofendido nuestro orgullo.
El Apóstol Pablo a uno de Corinto que había pecado, le puso sanciones, pero después aconsejó a los Cristianos el cese de estas sanciones, porque pensó “que no vaya a ser que sea añadida más tristeza y le destruya a este hombre” (2Cor 2,7).
Como sabéis, Judas llegó al suicidio, porque su tristeza o pena esencialmente estaba sin esperanza. Al contrario el apóstol Pablo, por un lado perseguía la Iglesia, pero más tarde se arrepintió, no se desesperó y se salvó, su tristeza fue consolada.
En el fondo la lipi según Dios existe una alegría. Por eso lo Padres han creado una palabra compuesta χαρμολύπη (jarmolipi alegre-pena o penalegre), la que al final trae alegría.
Finalmente los frutos de la lipi según Dios son los siguientes:
El primer fruto que trae es la paz. Un corazón que está consolado por el Dios tiene paz, la irreducible paz de Dios que nada la puede quitar.
El segundo fruto es la alegría, la irreducible alegría de Cristo que nada ni nadie la puede quitar.
El tercer fruto es la esperanza. Sí, es verdad, el luto según Dios está pleno de esperanza.
Este luto también afina la psique, la emoción y el pensamiento. Reúne las fuerzas de la psique y rompe aquella extroversión que la destruye.
Pero los que han estado en luto, también al cielo tienen súplica, es decir, consuelo. El evangelista Juan dice en el libro del Apocalipsis que había visto uno hombres excelentes con túnicas blancas y para ellos fue informado que eran “aquellos que provenían de la gran tristeza” (Apoc 7,14).
Y el mismo san Crisóstomo dice: “que estos serán consolados aquí en la tierra y en el Cielo”.
Queridos amigos míos, junto con la primera bienaventuranza adquiramos también la segunda, que es luto según Dios, para tener el verdadero consuelo y sanación.
Domingo 26 Noviembre 1995, Yérontas Atanasio Mitilineos

San Juan de Cronstandt: la segunda bienaventuranza.
“Sobre los ríos de Babilón, allí nos hemos sentado y hemos llorado al recordarnos a Sión”. Los hebreos que fueron cautivados por el rey Nabucodonosor, simbolizan a nosotros que estamos cautivados por el diablo, el espiritual Nabucodonosor. Los ríos de Babilón simbolizan nuestras tendencias y estudios del pecado, como también los ríos de pazos que se derraman impetuosamente de las mandíbulas del Satanás, el dragón espiritual y nos conducen hacia el abismo del infierno. El llanto amargo de los hijos de Israel simboliza el llanto y el luto de los verdaderos cristianos, los hijos del nuevo Israel, por la cautividad espiritual de ellos a causa del pecado. Nuestra Iglesia y la Escritura quieren con esto convencernos que tenemos necesidad de derramar lágrimas y estar en luto por nuestros pecados. Por eso aceptad con agradecimiento este recordatorio de nuestra madre Iglesia y con la ayuda de Dios empezad la obra de la metania interior…
Los pazos y las tentaciones son como ríos, tal y como dijo el Señor: “y descendió lluvia, y vinieron ríos… y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó...” (Mt 7,27). Los pazos atacan contra los hombres. David dice: “Dios mío sálvame, porque han entrado aguas hasta mi psique” (Sal 68,1). Estos ríos arrecian en nuestro interior, por eso debemos dejar que se derramen de nuestros ojos ríos de lágrimas. Entonces no nos estará atrayendo y arrastrando el pecado, porque será expulsado de nuestra psique junto con nuestras lágrimas. Y en el lugar del pecado brotarán “ríos de agua viva” (Jn 7,38), ríos de jaris (gracia, energía increada) de Dios que purifica, sana, ilumina, santifica, refuerza y consuela la psique que está en luto y lagrimea. Es cierto que en nuestro interior tenemos un abismo de pecados, por eso no podemos en una hora expulsarlos. Debemos llorar mucho y con ardor. No debemos buscar nuestra salvación en las lágrimas, sino en la agapi (amor, energía increada) de Dios por nosotros, en la jaris increada de Jesús Cristo que llora y lagrimea junto con nosotros por nuestros pecados, y que ha prometido a aquellos que están en luto, les regalará la absolución de los pecados y también la consolación, la provisional y la eterna. Bienaventurados los que están en luto, porque ellos serán perdonados y consolados.
Nuestro Señor dice bienaventurados los que están en luto, lloran y sufren. ¿Pero el cosmos-mundo qué dice? ¿Qué decís algunos de vosotros? Seguro que estarán diciendo: “Bienaventurados y felices son aquellos que están alegres y riendo. Pero el Señor dijo: “¡Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis” (Lc 6,25). El Cristo mientras vivía en la tierra, los hombres no Le han visto reír nunca. Pero Le han visto muchas veces llorar. Cómo podemos reír y alegrarnos cuándo provocamos la ira de Dios, cuándo estamos en una lucha desesperada entre la vida y la muerte; cuándo en todas partes encontramos desgracia y problemas; cuándo el pecado destructor destruye las psiques de los hombres que han sido redimidos con la sangre del Hijo de Dios; cuándo el Satanás nos amenaza cada momento a echarnos en la gehena (infierno) candente que está dispuesta a tragarnos. ¿Es tiempo de risas y alegrías cuándo las tentaciones, la maldad y las caídas nos rodean por todas partes? Cuándo algunos de nuestros hermanos sufren por enfermedades, hambre y todo tipo de privaciones y calamidades; cuándo están oprimidos y reciben ofensas de hombres duros de corazón y por otro lado otros roban sin escrúpulos a sus semejantes o se hunden en el hedonismo, la opulencia y en todo tipo de pecado.
¡Pobres pecadores! La risa y la alegría no tienen sitio en estas condiciones espirituales naturales y lamentables. Para nosotros no ha llegado aún el tiempo para fiestas y risas. Vendrá después de muchas lágrimas y llantos por nuestros pecados en esta vida, vendrá después de nuestra victoria contra el pecado. “Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis (Lc 6,21). Bienaventurados y felices realmente son aquellos que están de luto pragmáticamente. Alguno de vosotros tenéis el carisma de lágrimas por vuestros pecados, conocéis empíricamente que felicidad y bienaventuranza es que uno se lamente y llore por los pecados suyos o de los demás. No puedes separar la bienaventuranza del llanto de la metania. Aquel que se lamenta y llora es normal que reciba como recompensa perdón, súplica y consuelo…
Debes llorar y estar en luto por tus pecados, porque con tus pecados has profanado en tu interior y sigues haciéndolo la imagen de Dios. Piensa por favor: el Dios se refleja en tu interior como el sol es reflejado en una gota de agua. En la tierra estás hecho de una manera como una especie de dios, como dice el Salmista: “Yo dije que todos vosotros sois dioses; hijos del Altísimo” (Sal 81.82, 6). Y tú cada día pisoteas esta imagen y la arrastras al barro. La ensucias con los pazos del mundo, con tu apego a las cosas terrenales, el orgullo, el odio, la incredulidad, la embriaguez y otros muchos pazos. Con todo esto exasperas a Dios y agotas Su tolerancia y magnanimidad.
Debes llorar y estar en luto porque, a pesar de llevar el nombre de cristiano, no cumples las promesas y obligaciones que has tomado después del Bautismo… El Cristo ha habitado en tu interior y te has convertido en nueva creación, nuevo hombre. Te has revestido a Cristo como dice el apóstol Pabllo: “porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos” (Gal 3,27)...
Debes llorar y estar en luto cuando la soberbia, el desprecio, la codicia, la avaricia y la envidia te alejan de Dios. Porque el Cristo dijo: “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os calumnian y maldicen y haced el bien a los que os odian” (Mt 5,44). Llorar y estar de luto ante el Dios cuando te ensucian los pazos de la embriaguez (alcoholismo y drogas), la ambición y la avaricia; y cuando la desobediencia y la reacción hacia tus padres y tus superiores te alejan de Dios…
Debes llorar y estar en luto, cuando pueblos enteros aún no han conocido al verdadero Dios, a nuestro Señor Jesús Cristo, sino que se encuentran en la oscuridad de la idolatría y alaban a las creaciones y no al creador. Debes llorar y estar en luto cuando la fe cristiana en los estados ateos está perseguida y muchos de tus hermanos están gimiendo bajo el yugo de sus tiranos. Debes llorar y estar en luto cuando los poderosos y los ricos de este mundo persiguen y oprimen a los pobres y sin ayuda… Debes estar de luto y llorar, porque muchos cristianos decaen de las alturas espirituales de la redención y no respetan la Iglesia, ni sus misterios, tampoco su enseñanza…
Quizás alguno diga: ¿en qué me beneficiarán mis lágrimas y el luto?
Pues, con tu luto cumplirás y aplicarás el mandamiento del apóstol: “Llora con los que están llorando” (Rom 12,15); y también el mandamiento de la agapi hacia tu semejante, “puesto que la agapi es la plenitud de la ley” (Rom 13,10).
Muchos de los santos de Dios estaban en luto y lloraban en toda su vida día y noche, con el pensamiento en el día terrible del juicio y los castigos eternos que esperan a los pecadores. Y nosotros como si fuéramos justos y santos somos indiferentes sobre este juicio final y la decisión definitiva del Justo Juez, incluso algunos niegan la verdad del juicio final y la gehena (infierno). Hermanos, todo a su tiempo. Tiempo para llorar, estar en luto y tiempos para alegrías y fiestas. Ahora estamos en tiempo de llanto y luto por nuestros pecados». Amín. San Juan de Cronstandt.
© Monasterio Komnineon de “Dormición de la Zeotocos” y “san Demetrio” 40007 Stomion, Larisa, Fax y Tel: 0030. 24950.91220
Traducido por: χΧ jJ www.logosortodoxo.com (en español)



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