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Σάββατο, 26 Μαρτίου 2016

La guerra invisible, san Nicodemo el Aghiorita SEGUNDA PARTE,Capítulos B. 20,21

ΟΣΙΟΥ ΝΙΚΟΔΗΜΟΥ ΤΟΥ ΑΓΙΟΡΕΙΤΟΥ
ΑΟΡΑΤΟΣ ΠΟΛΕΜΟΣ

La guerra invisible, san Nicodemo el Aghiorita
SEGUNDA PARTE
Capítulo B. 20 Una vez que la psique-alma queda despojada de su voluntad, debes permanecer de pie ante el Dios.
Capítulo B. 21 Uno no debe pedir comidas ni algo que provoca apetito, sino sólo a Dios.
Capítulo B. 20 Una vez que la psique-alma queda despojada de su voluntad, debes permanecer de pie ante el Dios.
Hermano mío, teniendo esperanza al mismo Dios, que te llama diciendo: “Venid hacia mi todos los cansados y cargados en la psique y daré descanso en vuestras psiques” (11,29), debes seguir esta llamada de Dios, esperando la llegada del Espíritu Santo. Y con los ojos cerrados tírate a ti mismo decisivamente al océano de la divina providencia y de la eterna complacencia, de modo que te comportes como un objeto sin alma, solo con las fuertes olas de la voluntad de Dios, sin poner resistencia con tu propia voluntad en alguna cosa de estas, para que seas transportado al puerto de tu perfeccionamiento y salvación.
Haciendo pues esto, muchas veces al día, con toda seguridad interior y exterior que puedas, lucha y cuídate en acercarte con todas tus fuerzas psíquicas en las praxis aquellas que te incitan y promueven a amar a Dios; y estas praxis son la oración, el recuerdo continuo de su dulcísimo nombre, las lágrimas que provienen de la agapi-amor, la piedad o devoción con fervor y la alegría hacia él y otras obras espirituales.
Y estas praxis deben hacerse siempre sin violencia y opresión de tu corazón, para que no te debiliten mediante los ejercicios molestos y sin discernimiento y quizás te endurezcan y te conviertan en individuo que no pueda recibir y caber algo espiritual en su interior. Para esto acepta también el consejo de los experimentados e intenta a acostumbrarte siempre con el deseo a la memoria de Dios, desde el principio hasta al final, y en la zeoría-contemplación de las continuas y amadas benevolencias y donaciones de Dios; y aceptes con humildad las gotas y las dulzuras que bajarán en tu psique-alma de Su inexpresable bondad. Todas estas cosas y especialmente las lágrimas (114), tú no las busques con violencia, sino que debes permanecer tranquilo, en tu soledad interior, rogando para estas y esperando la voluntad de Dios. Y cuando Él te las conceda, entonces serán dulces y fructíferas sin fatiga ni esfuerzo tuyo. Por eso las recibirás con todo agrado y felicidad. Y más que todo lo demás con toda humildad. Y la llave con el que se abren las cajas ocultas de los tesoros espirituales de la gnosis (conocimiento) y de la divina agapi (amor, energía increada), está en saber en cada caso y en cada tiempo a olvidarte de ti mismo. Y con esta misma llave se cierra también la puerta del desconocimiento, de la oscuridad y la frialdad que teníamos hasta entonces.
114. Una cosa es el luto y otra cosa las lágrimas. Luto es un pensamiento triste y un dolor del corazón que sentimos:
a) Porque si hemos afligido y amargado a Dios con nuestros deseos y hemos transgredido sus mandamientos, b) porque en esta vida nos hemos privado de su jaris (energía increada) y después de la muerte puede ser que nos privemos también de su realeza increada. c) porque con nuestros pecados nos hemos convertido a nosotros mismos responsables para el infierno eterno. Este dolor y pensamiento se hace como un peso que aplaca la psique o como un aguijón que pica y de esto siguen los gemidos profundos y entonces se compunge el corazón y saltan lágrimas de los ojos, pero a través de la sinergia (cooperación de la jaris (gracia, energía increada) de Dios que nos regala estas lágrimas para lavar nuestros pecados y volver a ganar su jaris. Porque como se ha dicho, el Dios con la privación de la jaris endurece los corazones. “¿Por qué, Señor, nos haces andar errantes lejos de tus caminos y endureces nuestro corazón para que no te temamos” (Is 63,17). Así se dice que con la concesión de la jaris (energía increada) compunge nuestros corazones, (Rom 11,8, sal 59,3 e Is 29,10). Por tanto, nosotros debemos ocuparnos siempre con el luto, porque depende de nosotros y se asimila con la metania del hijo Pródigo. Pero las lágrimas se deben pedir de Dios como un carisma suyo, y se asimilan con los abrazos y las caricias de Dios padre hacia el hijo Pródigo, como dice el Megadidáscalos San Gregorio Palamás.
A la medida que puedas, tienes que amar estar en pie junto con la Zeotocos (Madre de Dios) en los pies de Cristo, y escuches aquello que te dice el Dios. Cuidado con tus enemigos, y el mayor de ellos tu mismo, que no te impidan este santo silencio. Y cuando tú con tu nus (espíritu) y la mente unida al corazón buscas encontrar a Dios para que seas aliviado y reposado en él, no busques lugares y fronteras con tu estrecha y débil fantasía (115). Porque él es incomparablemente infinito y se encuentra en todas partes, o más bien todas las cosas se encuentran en él. Tú le encontrarás en el interior del corazón de tu psique-alma cada vez que realmente lo pidas (116), es decir, para encontrar sólo a él y no a ti mismo. Porque la alegría de Dios es encontrarse con nosotros los hijos de los hombres, como hemos dicho anteriormente, para hacernos dignos de sí mismo, sin tener ninguna necesidad de nosotros.
115. Por eso san Agustín en sus bendiciones de amor, una vez que haya preguntado a sus iluminadoras estrellas, al abismo y a las demás creaciones si estos tiene su Dios y cuando supo que no habitaba en ellas, al final giró hacia sí mismo y encontró que el Dios habita en su corazón. Y así se desprecia y reprueba el sí mismo, porque buscaba a Dios en las cosas exteriores mientras que Él estaba en su interior.
116. Apunta que el Dios se encuentra dentro en la psique y se participa no por su esencia, lejos de un pensamiento blasfemo de este tipo, sino por Su propia jaris (gracia, energía increada), como dicen los divinos teólogos: se encuentra sobre todo en la esencia de la psique y no sólo en su energía. Ya que sólo el Dios es creador de esencias, por consecuencia sólo él es quien se une también mediante las esencias y con las esencias, tanto de los cuerpos como de los espíritus, tal y como se refiere con todo detalle aquel gran sabio san Gregorio Palamás en su epístola a Barlaam. Mejor y más concreto, él es todo centro en el cual se encuentran y se fijan todas las esencias de los seres, según el versículo de la Escritura: “en Él vivimos, nos movemos y estamos” (Hec 7,28) Ver también el capítulo A. 24 de la primera parte. Dije que sólo el Dios se une con las esencias, porque ninguna creación sea espíritu o cuerpo no se une con la esencia de otra creación, sino sólo con la energía: de modo que el satanás no puede unirse con la esencia de la psique, sino sólo conectar con la energía de ella, como dice san Gregorio Palamás.
Cuando estudias o lees las Santas Escrituras, no lo hagas sólo para ojear las páginas, sino que en las palabras encuentres sosiego, compunción y agapi-amor divina o alegría y gozo espiritual y detenerte allá disfrutando de Dios con toda manera y forma que él quiere comunicarse y conectarse contigo. Y si dejas de estudiar aquello que has programado, no te inquietes por eso, porque el propósito y la finalidad de todos estos ejercicios o ascesis, es para que tú disfrutes y goces de Dios. Pero impulsado con la idea de que no has escogido tú como propósito y fin primordial este semejante disfrute y gozo de Dios, más bien para amar su santa voluntad, deseando en lo que puedas a imitar sus obras. Así cuando tú encuentres este propósito y fin, ya no debes cuidarte por los medios, no por otra razón, sino para que sea logrado este propósito y fin.
Del mismo modo también cuando estudias algún pazos-pasión de Cristo o cualquiera de sus obras, detente en aquello que más sosiego y compunción te trae y estúdialo más tiempo y muchas veces. Uno de los múltiples obstáculos contra la calma, la serenidad y la paz espiritual (hisijía), hermano mío, es cuidarte y preocuparte del pensamiento-loyismós de que debes leer cada día tantos Salmos, tantos capítulos de los Santos Evangelios o Epístolas, y así perturbarte y marearte si no lo haces; entonces sin que te preocupes si tu corazón va a encontrar sosiego y compunción de estas cosas que lees o sin que reciban tu nus y mente algún significado espiritual, la cuestión es que buscando a Dios te marchas de Dios y quieres servir a Dios sin hacer su voluntad.
Si realmente deseas en esta vida vivir virtuosamente y llegar al fin que deseas, no tengas otro propósito que solamente encontrar a Dios; y donde él quiere, pues, que allí se manifieste. Y entonces abandona toda cosa y no avances ya más adelante, donde tú no tienes voluntad. Pero olvídate de cualquier otra cosa y reposa sólo en tu Dios; y otra vez cuando la majestuosidad de Dios quiera esconderse y no se manifieste más de aquella manera, entonces puedes retornar y buscarle siguiendo tus ejercicios y de nuevo con el mismo propósito y deseo; es decir, mediante estos encontrar a este que amas y encontrándole, hacer las cosas que hemos dicho, abandonando toda cosa, sosegado y reposado sólo en Dios, conociendo bien que entonces se cumple su deseo. Y debes conocer bien también lo siguiente, es decir, que muchas personas espirituales no tienen fruto espiritual ni serenidad y paz espiritual (hisijía), porque aumentan demasiado sus ejercicios espirituales y creen que no hacen nada si no lo acaban todo, colocando en esto la perfección, convirtiéndose en autosuficientes individualistas caprichosos siguen así sus propias voluntades; y así torturados los desgraciados no llegan al verdadero reposo y sosiego, ni en la serenidad y paz (hisijía) interior, en la que verdaderamente se encuentra y reposa el Dios.

Capítulo B. 21 Uno no debe pedir comidas ni algo que provoca apetito, sino sólo a Dios.
Escoger siempre las fatigas y los sufrimientos y evitar cosas y personas que no te provocan ningún beneficio en la psique y alegrarte estar bajo el poder de otros. Todo tiene que ser causa y logos (razón) para que camines hacia Dios y ninguna cosa te impida de este camino. Esta debe ser tu alegría, es decir, cada cosa para ti que sea amargura y sólo el Dios es tu reposo y sosiego. Todas tus fatigas, angustias y sufrimientos cuéntalas a Dios. Ámale y ofrécele todo tu corazón sin ningún miedo y él encontrará la manera de disolver todas las dudas y levantarte incluso si has caído.
Terminando te digo algo en breve: Si tú amas a Dios, recibirás todo salario. Ofrécete a ti mismo a este Dios como sacrificio con paz y serenidad espiritual. Pero para continuar mejor el camino y permanecer sin cansancio y perturbación, debes en cada paso tuyo conceder tu voluntad a la voluntad de Dios. Y cuanto más la sujetas en Él, tanto más recibirás. Tu voluntad debe estar dispuesta de tal manera que quiera en cada cosa lo que el Dios quiere y no quieras nada, si el Dios no lo quiere. Siempre en cada caso y cuestión renovar la intención, disposición y decisión de tu psique-alma, es decir, que seas gustado a Dios.
Ten cuidado, no decidas nunca para alguna cosa tuya que está fuera del día que te encuentras, porque no conoces qué va a suceder el día siguiente, sino mantenerte libre. “No presumas del día de mañana, porque no sabes qué dará de sí el día” (Prov 27,1). Pero nadie está impedido tener cuidado y hacer con diligencia lo que le hace falta, según su posición y su profesión. Porque este cuidado y atención es según la voluntad de Dios, y no obstaculiza la paz, ni el verdadero progreso Espiritual. En todos tus asuntos debes decidir hacer aquello que puedes y aquello que es debido y estás obligado hacerlo, y no te importe lo que está sucediendo fuera de ti mismo. Aquello que siempre puedes hacer es ofrecer tu voluntad a Dios y no desear nada más, teniendo siempre esta libertad y estando realmente recortado de todas partes, estarás disfrutando de la serenidad y la paz espiritual (la hisijía). En esta paz del Espíritu consiste aquel gran bien que tú oyes de las Santas Escrituras; y esta libertad no es otra cosa que la permanencia del hombre interior en sí mismo, sin que desee o se extienda buscando alguna cosa fuera de sí mismo. De manera que en todo este espacio de tiempo, que con esta manera tu estarás permaneciendo libre, a la vez estarás disfrutando también de aquella alegría divina e inexplicable que es de la realeza increada de Dios que está en nuestro interior, como dijo el Señor: “la raleza increada de Dios está en vuestro interior” (Lc 17,21).
San Nicodemo el Aghiorita, autor de la Filocalía.
Traducido por: Jristos Jrisoulas www.logosortodoxo.com (Blog en español)




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